El zumbido que controla el mundo: la influencia invisible de los insectos en tu vida diaria

Si mañana desaparecieran todos los insectos del planeta, no tardaríamos en notar el vacío. En pocas semanas, los cultivos empezarían a fallar; en meses, los suelos perderían su fertilidad; y en unos pocos años, nuestra propia supervivencia estaría en juego. Y todo por esos diminutos seres que la mayoría de las veces ignoramos, o peor aún, intentamos eliminar con un manotazo.



Las abejas, por ejemplo, son responsables de polinizar más del 70% de los alimentos que consumimos. Cada vez que comes una manzana, una fresa o un aguacate, detrás hay una abeja que hizo posible ese milagro. Su zumbido no es solo ruido: es el sonido de la vida multiplicándose.

Las hormigas son las grandes ingenieras del suelo. Airean la tierra, distribuyen semillas y reciclan nutrientes. Sin ellas, los bosques no serían los mismos, y muchas especies de plantas jamás lograrían germinar.



Incluso los insectos que solemos ver como plaga cumplen funciones vitales. Las moscas, tan odiadas en la mesa, ayudan a descomponer materia orgánica, cerrando el ciclo de la vida y evitando que nuestro planeta se convierta en un vertedero natural.

Y ahí están los escarabajos peloteros, que con su trabajo incansable moviendo y enterrando desechos, mantienen los ecosistemas limpios y equilibrados. Un trabajo silencioso que rara vez aplaudimos, pero del que dependemos más de lo que creemos.

Detrás de cada zumbido, cada vuelo diminuto y cada caminata sobre una hoja, se esconde una influencia invisible que sostiene nuestro mundo. Los insectos no solo comparten el planeta con nosotros: lo sostienen. Tal vez ha llegado la hora de escucharlos, no con miedo o fastidio, sino con gratitud.